Con el desafío de renovar la historia, culminó el II Encuentro Nacional de Juventud en Rosario

En un clima festivo, con mucha alegría, oración, fraternidad y compromiso, concluyó este mediodía el II Encuentro Nacional de Juventud, que se realizó este fin de semana en Rosario, bajo el lema “Con vos renovamos la historia”. La eucaristía de cierre, estuvo a cargo del cardenal de Buenos Aires, monseñor Mario A. Poli, quien fue acompañado en el altar por los obispos Oscar Ojea, Eduardo Martín, Marcelo Colombo y Pedro Laxague; más de 50 obispos concelebraron desde las primeras filas. También estuvieron presentes la vicepresidente de la Nación, Gabriela Michetti y el subsecretario de culto de la Nación, Alfredo Abriani.

En su homilía, monseñor Ojea invitó a los jóvenes a recordar a los discípulos en su primer encuentro con Jesús: “¿Qué les habrá dicho su mirada para que lo dejaran todo y lo siguieran? ¿Qué resorte del corazón habrá tocado en ellos para que les cambie la vida tan a fondo?”, interpeló. Y comparó su experiencia con la de cada joven presente en el Hipódromo: “Nosotros hemos participado de este encuentro convocados y atraídos por Él. Con Él renovaremos la historia”, expresó.

Luego repasó el mensaje del papa Francisco, retomando la palabra “presencia”, reflexionó sobre la importancia de “aprender a escuchar y a detener la mirada en cada hermano.” Se detuvo en las tentaciones de la tecnología actual que consideramos “comunicación suficiente”, pero resaltó: “nada reemplaza nuestra presencia, el trabajo cuerpo a cuerpo es imprescindible para comunicarnos según el lenguaje del Evangelio.”

Con entusiasmo, el prelado manifestó: “No hay rincón de nuestra persona en donde Jesús no se haya sumergido por amor. Él toma en sus manos toda tristeza nuestra y la cura con el amor de su corazón”. Y refiriéndose a “comunión”, segunda palabra utilizada por el Papa, aseguró que ella “se logra encontrándonos con nuestras raíces. Ir a las raíces para vivir la comunión significa entrar en contacto interior con quienes nos dejaron, con trabajo y sudor, esta patria como herencia,” anunció.

A continuación, invitó a pensar en nuestro país: “Hoy hablamos poco de patria porque respiramos una cultura tremendamente individualista: tengo que preocuparme sólo de mí y el resto que se arregle. La patria está mucho más allá de ser sólo un conjunto de individuos que se avienen a cumplir leyes comunes. Ella es madre, nos ha recibido en nuestra casa común y nos exige el desafío de transformarla para hacerla  más equitativa, más fraterna y más cristiana”. “Una patria que viva la hospitalidad esencial de la persona humana que es recibir con los brazos abiertos a todos los que están invitados al banquete de la vida y prepararles una casa digna de ser habitada. Por eso expresamos que ¡vale toda vida!”, anunció, acompañado por el aplauso de la multitud.

Sobre la tercera palabra, “misión”, el prelado rescató: “qué bueno es ayudarnos a que cada uno descubra la misión singular que ha venido a traer a nuestra historia y que sólo Él puede dar, y qué tarea maravillosa la de crear las condiciones para que tantos hermanos nuestros, que se ven impedidos de desarrollar sus talentos, puedan aportar a la Iglesia y a la Patria la singularidad de sus dones.”

Como conclusión final, animó a los jóvenes a “estar muy presentes a nuestros hermanos resistiendo la tentación de evadirnos y de mirar para otro lado cuando la realidad nos duela y nos interpele, poniendo el cuerpo a lo que se presente.” Les pidió también “echar raíces en la intimidad de Jesús y de nuestro pueblo, viviendo en profunda comunión con los hermanos, haciendo frente a una cultura que no favorece la comunión, sino al aislamiento y la soledad.”

Con una oración a María, “quien supo transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con unos pobres pañales y una montaña de ternura”, rogó, “que nosotros podamos ser como Ella, transformadores de la realidad y así renovar la historia”.

Llegado el momento del ofertorio, jóvenes representantes de todas las regiones acercaron al altar un elemento significativo que los representa. Monseñor Poli recibió a cada uno con un abrazo. La vicepresidente de la Nación, Gabriela Michetti, participó leyendo una intención de la misa.

Los jóvenes se comprometieron a ser protagonistas de la historia

Durante todo el fin de semana, los jóvenes trabajaron en centros de interés y el domingo por la mañana, en regiones pastorales. Los frutos de lo vivido y compartido, sobre las cuestiones que preocupan y ocupan a los jóvenes católicos, fueron resumidos en un mensaje final que se leyó después de la comunión eucarística. Este documento, servirá como líneas para el trabajo que continuará en los próximos años en la pastoral juvenil.

“Las necesidades de nuestra sociedad, a las que no podemos ser ajenos, nos demandan un verdadero compromiso para su transformación. Queremos ser jóvenes que hagan ‘pogo de la esperanza’. Que fieles a nuestras convicciones y siendo protagonistas de la iglesia misionera, construyamos una sociedad que no le de la espalda a la pobreza, ni a la exclusión, sino que procure el bien común, amando en la diversidad y empatizando con los más vulnerables”, leyó Mariano García coordinador de la pastoral juvenil. “Queremos ser una Iglesia que se arriesgue; sin miedo a equivocarse. Una Iglesia que se la juegue, que pueda ser testimonio de un amor sin límites. Queremos construir una Iglesia que sea para todos, que sea casa que recibe y que también salga al encuentro, especialmente en situaciones de dolor”, señalaron en el mensaje final. “Escuchar expresiones como “la juventud está perdida’, puede llevarnos a pensar que no tenemos valor, que no servimos para nada. ¿Pero es realmente así? No podemos permitirnos enterrar nuestros talentos; regalos de Dios y tesoros que el mundo se está perdiendo de conocer. Animémonos a desplegarlos. Sigamos soñando. Pero no nos cortemos solos, hagámoslo juntos”, añadieron y concluyeron, gritando a una sola voz, “Con vos, renovamos la historia”.

La misa concluyó con la emoción de los presentes por la participación multitudinaria en este II Encuentro Nacional de Juventud, cuyo precede fue hace 30 años. Con alegría en el corazón, los jóvenes emprendieron el regreso a sus casas, en todos los rincones del país.

Fuente: www.pastoraldejuventudargentina.com

También te puede interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *