“Les doy la Vida” – Mensaje de Pascua de Mons. Eduardo García

Pascua 2018

“Le doy la Vida”

Hay momentos de la vida y de la historia en los que la injusticia, el odio, la mentira y la prepotencia se despliegan con aparente impunidad. Así la muerte, con sus diversas máscaras parece ratificar el triunfo del mal. Sin embargo allí donde los hombres pretenden adueñarse de las coordenadas del mundo y de la historia, allí donde pretenden poner el punto final; Dios vuelve, como tantas otras veces, a repetir su palabra para aquel que la quiera escuchar.

Los que mataron a Jesús pensaban que estaban diciendo la palabra definitiva e inapelable. Sin embargo, las mujeres con el corazón entristecido, pero con la valentía que da el amor, hacen su camino hacia el sepulcro amasando esos recuerdos que mantenían viva la esperanza.
No había palabras, los hombres había dicho la última palabra.
Pero desde el oscuro silencio de la muerte resonó; ya no la palabra de los hombres sino la voz que vino de lo alto y que se hizo eco en el corazón de cada una: “No busquen entre los muertos al que está vivo” “Ha resucitado”.

La resurrección de Jesús es el sello definitivo de su historia.

La resurrección de Jesús no se entiende desconectada de toda su vida. Cristo no se encontró sorpresivamente con la resurrección que le ofrecía Dios, recogió en su muerte lo que había sembrado durante toda sus vida. Jesús luchó por el reino de Dios entre los hombres, lo anunció; pero también lo hizo efectivo, dio de comer a los hambrientos, curó a los enfermos, se enfrentó con las autoridades, sin pensar que todo se resolvería buenamente en la otra vida.

En la historia la última palabra pertenece a Dios, incluso ante algo que parece tan poderoso como la muerte; y Jesús su última palabra se la entrega a Dios.

Vivir la Pascua es recibir a Jesús y comenzar a salir de las tumbas que pretenden matar nuestra vida y la de tantos hombres: la tumba del egoísmo que aísla y encierra, la tumba de la injusticia y sus complicidades e indiferencias, la tumba del amor disfrazado que llena de dobleces, la tumba de la ambición que ciega y enajena hasta la torpeza de manipular y decidir sobre la vida de los otros, la tumba del olvido de Dios que hace vivir la ilusión que de los hombres decimos las últimas palabras. ¿Cuál será la tumba de la que Dios me quiere resucitar? Vivir la Pascua es dejarnos modelar por su amor vencedor que quiere remover la losa de nuestros sepulcros para poder decir: “¿Dónde está muerte tu victoria?”.

Porque:
Es Pascua y es resurrección cuando una madre da a luz su hijo dejando atrás los dolores de parto y apostando a la vida.
Es Pascua y es resurrección el trabajo sacrificado de cada día hecho por amor a las familias y haciendo del mundo un lugar más humano.
Es Pascua y es resurrección la democracia, la libertad y la honestidad, cuando todos nos unimos en el proyecto de Jesús de crear una nueva humanidad sobre el fundamento del amor, de la Justicia, la fraternidad y la paz.
Es Pascua y es resurrección cuando un joven o adulto se anima a dejar la droga o la delincuencia y empezar un camino nuevo…y otros lo animan y acompañan.
Es Pascua y es resurrección la solidaridad, el esfuerzo compartido a la atención a los más pobres, a los enfermos y a los olvidados que no nos pueden dar nada a cambio.
Es Pascua y es resurrección la renovación de la Iglesia para hacerla casa de todos los hombres…
Es Pascua y es resurrección, cuando el amor florece y cuando la vida tiene sentido.
Porque todo paso que damos hacia una vida más digna y hacia una comunidad más solidaria, es el mismo paso de Cristo: paso de libertad, justicia y amor.

Que en esta Pascua, donde la escuela de la vida nos hace conjugar verbos amargos, dejemos que Dios nos escriba en el corazón la palabra que salva y que podamos, desde la vida y con la vida, ser testigos de la resurrección.

¡Muy feliz Pascua de resurrección!

Mons. Eduardo Horacio García
Obispo de San Justo
30 de abril 2018

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