Homilía Misa Crismal 2017 – Mons. Eduardo García

Este jueves 13 de abril, se celebró en la Catedral de los Santos Justo y Pastor, la Misa Crismal con la presencia de todos los sacerdotes diocesanos y miembros de la comunidad. Presidida por el obispo diocesano, Mons. Eduardo García, se bendijo los santos óleos y se renovaron la promesas sacerdotales. También se le hizo un reconocimiento especial al padre Gregorio Zitzmann, quien cumplió 60 años de sacerdocio y se entronizó una imagen del Santo Cura Brochero, a quien se le encomienda la protección de las vocaciones.

A continuación, reproducimos la homilía:

El evangelista San Lucas antes de narrar la vida de Jesús, quiere presentar su programa. Es una realidad de mucho interés para él,porque ese es precisamente el programa que han de tener ante sus ojos los que quieran seguirlo.

Jesús enseñaba en las sinagogas y por esto hay una continuidad en la acción misionera de Jesús con la Antigua Alianza y las promesas de Dios, pero también hay una ruptura: el modo en el que Jesús viene a darles cumplimiento

La escena de la Sinagoga de Nazaret nos impresiona y ante todo nos llama la atención la “audacia” de Jesús: precisamente Jesús, el carpintero-albañil del pueblo, quien solamente es el hijo de José; se levanta en la sinagoga de su propio pueblo y se atribuye la función del escriba y se presenta como maestro, ante la admiración de todos que, en muchos, se transformará más tarde en rechazo.

La“audacia” va creciendo porque él mismo elige el texto de Isaías que va a leer.  No comenta un texto de la Torá, que era lo más sagrado para el judaísmo de aquel tiempo, sino un texto profético. El fundamento de su predicación se encuentra más en los profetas que en la ley. Y continuando en esta de línea de “audacia” hace una omisión voluntaria de la última parte del párrafo, que dice: “… y un día de venganza para nuestro Dios”. Como buen judío sabe que estaba expresamente prohibido añadir o quitar una letra del texto.

Va revelando su perfil, antes de empezar el comentario. El hijo de José se atreve cambiar la idea de Dios reflejada en la Escritura. En el texto de Isaías la buena noticia anunciada era solo para los judíos, pero sin embargo Jesús trae una buena noticia para todos y  se anima a ir más allá de las periferias del pueblo elegido. Jesús no anula la Escritura, la expande y le da plenitud.

Su audacia no es arrogancia, ni temeridad humana.Jesús asume y declara que el mismo Espíritu que ha inspirado la Escritura, es ahora el que lo ha ungido para ir mucho más allá de ella. La unción del Espíritu es su profunda certeza.Se aplica a sí mismo el texto, y revela su condición de “Ungido”.Esta pretensión es la que provoca la reacción de sus vecinos.

Jesús no es un sacerdote del templo,  ni un maestro de la ley. Su vida se enmarca en la tradición profética de Israel. A diferencia de los reyes y sacerdotes, el profeta no es nombrado, ni ungido por nadie, porque su autoridad proviene de Dios, empeñado en conducir y dar esperanza con su Espíritu a su pueblo elegido cuando los dirigentes políticos y religiosos no saben hacerlo.

Con la fuerza de la Escritura en sus manos, Jesús contrapone a las promesas de los tiempos mesiánicos anunciados en el profeta Isaías, conlos hechos: “hoy se cumple esta Escritura”.Y en verdad se cumple la escritura, la predilección de Dios por los más postergados toma cuerpo y figura en el profeta de Nazaret. El tiempo se ha cumplido porque el Dios liberador camina en medio de su pueblo en un hombre con un amor infinito hacia los débiles y un valor a toda prueba, capaz de desafiar la ley para curar a los marginales, (Mt 8,1 ) de insultar en público al rey, (Lc 13,31) de desenmascarar ante el pueblo a los jefes religiosos y doctores de la Ley, (Mt 23,13) y jugarse la vida defendiendo a una mujer ante el acoso judicial de los “justos” (Jn 8,1).

“El reino de Dios” es la pasión que abraza su corazón misionero. En esta expresión recoge las aspiraciones y expectativas más hondas de Israel, el anhelo que anidaba en el corazón de su pueblo, ese anhelo que aún está vivo en todos los pueblos, y al que supo dar una respuesta con “la palabra y el gesto oportuno”.

Jesús nunca separa a Dios, su Padre, de su proyecto de transformar la realidad buscando “el reino de Dios y su justicia». Mientras los doctores de la ley y los dirigentes del templo vinculan a Dios con su sistema religioso  buscando asegurar los sacrificios rituales, la observancia de la ley o el cumplimiento del sabbat. Jesús se siente ungido por el Espíritu a promover la vida: “he venido para que  tengan vida y la tengan en abundancia”.

Lo primordial  para Jesús es la vida: la curación de los enfermos está antes que el sábado, y el bien común y la reconciliación antes que las ofrendas; el abrazo al pecador y el perdón, antes que los ritos de expiación.Jesúsno centra su actividad en discusiones sobre Dios, ni en el cumplimiento de los preceptos. El “reino de Dios” no es una religión o un programa ideológico o político, es mucho más. Es una experiencia nueva de Dios a través del encuentro “vivo con Jesús”; desde este encuentro personal con Él todo vuelve a cobrar significado, todo lo hace nuevo.

Hoy necesitamos la “audacia” de Jesús para experimentar que, para ser fieles a nuestra misión necesitamos vivir entre la tensión de la continuidad y la ruptura. Continuidad con el camino abierto por Jesús, y ruptura con aquello que aleja a los hombres del encuentro con Dios. ¡Solos no podemos!

Por eso hoy, en esta Misa Crismal, como todos los años renovaremos la unción que recibimos por el sacramento del orden. Hoy renovamos nuestra consagración, nuestra entrega para ungir el rebaño que Dios nos encomienda. Somos ungidos para ungir.

Necesitamos renovar esta consagración porque no somos funcionarios de la religión oficial,  ni clérigos de estado, sino hombres que buscan ser Cristo entre los hombres, esperanza de la gloria.

Necesitamos renovarla, para no caer en la tentación más seria que ahoga el fervor y la audacia, que es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados (EG53).

Necesitamos renovarla  para no dejarnos envolver en el gris pragmatismo de la vida cotidiana. La fe se va desgastando y degenerando en mezquindad. Se desarrolla la psicología de la tumba, que poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo sin la alegría evangelizadora!” (EG52)

Necesitamos renovarla  para vivir con pasión la novedad del Reino y no vivir de repeticiones que terminan aprisionando a Jesús “en esquemas aburridos”. Es necesaria “una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están” y una “reforma de estructuras” eclesiales para que “todas ellas se vuelvan más misioneras”.

Necesitamos renovarla para tener la audacia de patear el tablero y que la novedad de Jesús seacapaz de transformarlas costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje de tal modo que toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación“(EG19). “La Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción” (EG 14)

Necesitamos renovarla para vivir el desafíode ser “sacerdotes en salida”, entregando la vida para que surja más vida. La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida con los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás”.

Necesitamos renovarla para evitar caer en la tentación “del hacer como si…mientras todo sigue igual”, mi vida, la parroquia y mi entrega;para no vivir la esterilidad de una retribución sin sacrificio y sin trabajo, de una comunión discrecional y a media y de un celibato amortizado en un mundo pequeño y engañosamente seguro.

Necesitamos renovarla para entregar la vida no formalmente sino existencialmente. La vida es tiempo y el signo de la verdadera unción es que el tiempo ya no es nuestro, porque el corazón fue entregado. Las reservas en el amor son egoísmos camuflados.Estamos llamados a recuperar la pasión de gasta
rnos por el pueblo de Dios, y en esta realidad encontrar la verdadera alegría de ser ungidos por el Espíritu.

La unción es pertenencia a Cristo, al proyecto de Reino y al pueblo Santo de Dios. Que el Espíritu también nos empuje a nosotros dejar “nuestras aldeas” para llevar la Buena Noticia del Reino, renovar la esperanza y sanar los corazones y las vidas heridas.

Dios les conceda una fecunda Semana Santa, un fecundo ministerio y los bendiga por todo lo que hacen.

Mons. Eduardo García
Obispo de San Justo

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