Misa PU!! Mayo – Homilía

El domingo 10 de mayo, en la Capilla Sagrada Familia, compartimos la Misa Mensual de la Pastoral Universitaria de San Justo. A continuación, presentamos el comentario del Padre Ignacio Rolleri sobre el Evangelio de Juan 15, 9-17:

Misa PU MayoEn la sexta semana de Pascua, la fiesta más importante de nuestra religión, la lectura nos invita a estar atentos a tres cosas que debemos vivir en este tiempo litúrgico: en primer lugar, la amistad con Jesús, la Pascua es un tiempo para profundizar la amistad con Él. En segundo lugar, que brota de la amistad con Jesús: la alegría. Y en tercer lugar: el amor. Nos dice Jesús en el Evangelio “Yo a ustedes no los llamo servidores, a ustedes los llamo amigos”.

Pero ¿Cómo nos damos cuenta que alguien es un buen amigo? Porque nos cuida, porque nos acompaña, porque nos banca en todas, porque comparte sus cosas, porque nos cuenta sus secretos, etc. Si todo esto lo llevamos a Jesús nos damos cuenta que Él es el mejor amigo que podemos tener. Él siempre nos está bancando, especialmente cuando caemos, lo encontramos al lado nuestro, levantándonos, animándonos. Él siempre nos cuida, nos defiende, nos protege, nos comparte los secretos del padre… El secreto más importante que podemos recibir es el secreto que tiene que ver con nuestra salvación y eso es lo que viene a compartir Jesús con nosotros.

Pero Jesús no solamente comparte sus cosas, sino que nos comparte su propia Vida. Nos da lo que ningún amigo nos puede dar que es su propia Vida, la vida de hijos de Dios. Él mismo quiere vivir en nosotros, para que nosotros vivamos con Él, para que nosotros demos testimonio de Él, para que nosotros vivamos como hijos de Dios. Y cuando tenemos este tipo de amistad con Jesús, no puede nacer en nuestro corazón otra cosa que la alegría profunda. “Les he dicho estas cosas para que mi gozo sea el de ustedes y ese gozo sea duradero”.

Quien tiene esta amistad con Jesús, quien lo descubre como mejor amigo, no puede hacer otra cosa que vivir con alegría, que vivir feliz. Pero no se trata de la alegría de la diversión, del estar extrovertido, sino la alegría que nace del corazón que se sabe hijo de dios, que se sabe acompañado y sostenido por Jesús, que sabe que su vida no es una vida vacía, sino que es una vida llena de esa misma vida que nos comparte Jesús. El Evangelio de la semana pasada nos recordaba: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos”, y con esto nos explicaba que Él mismo nos da la vida que va más allá de nuestras propias fuerzas, que es esta vida de hijos de Dios. Una vida que tiene que ver con la amistad con Jesús y con esta alegría que dura, que es plena.

En tercer lugar, brota de esta amistad con Jesús un estilo particular que tiene que ver con el mandamiento que Él nos da: “Yo les mando que se amen los unos a los otros”. Pero… ¿Se puede mandar a amar? Parece raro. Si se nos presenta un juguete muy bueno y se nos dice que podemos tomarlo, todos lo haríamos inmediatamente. Ahora bien, si junto a ese juguete se nos presentan otras cosas que también son buenas, y se nos quiere recomendar cuál es el juguete mejor, el que no podemos dejar de elegir, ¿Qué pasa? Esto es lo que hace Jesús con nosotros. Frente a una vida que nos presenta un montón de bienes, nos recomienda elegir el que es mejor. Nos recomienda elegir el bien que más nos une a Él y que más felices nos hace. Ese bien que nunca tenemos que postergar, ese que tenemos que elegir siempre primero porque es el mejor, es el amor. El amor entre nosotros, en el que mostramos la amistad con Jesús y el amor a Dios.

En nuestras oraciones, pidamos a Jesús que nos conceda estas tres gracias: tenerlo como mejor amigo, ese que llena nuestra vida de alegría; que reconociéndolo a Jesús como el amigo nos llenemos de alegría; y que elijamos siempre el bien mejor que es el amarnos los unos a los otros.

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